Yo, a través de mí misma.

por Elsa Padrón Serrano

Amorfo, así camino entre la gente, así me mezclo pues ellos están tan definidos como yo. Mi mente explota, busca refugio. No tengo palabras, no. Busco sin hallarlas.

Debajo de este libro, dentro de aquél, quizá el discurso de ese hombre con cabello cano. No. No.

Tan simple. Tan sin chiste.

¿De qué hablas?

Ahora escuchas, ahora que no hay nadie más que llene el vacío con sus palabras sin sentido.

Es que él habló de la locura.

Él no conoce la locura. Tampoco tú.

¿Tú qué sabes? Ni siquiera existes.

Sí que existo, aún me buscas, ¿no es cierto?

No. Es decir, no … te llamo, pero…

No estoy, no me vas a encontrar.

Escribiré un poco más sin sentido.

Escribir “sin sentido” tantas veces debe dotar de algún sentido inadvertido a las palabras incoherentes que escribo.

No hay incoherencia en lo que quiero decir. Intento darle vida a un recuerdo que ha muerto hace más tiempo que yo. Yo llevo muerta una eternidad y ese recuerdo yace en una eternidad desconocida. Ése no es un recuerdo especial, es como cualquier otro, pero está lleno de un color y calidez desconocidos para mí hasta su nacimiento.

Estoy tan feliz de que vinieras a este mundo, sólo para robarme la vida que me diste. Nacimos juntos, ¿sabes? Yo no sé, y poco me importa, quién eras antes de mí. Pero en nuestro tiempo, vaya que fuimos. La idolatría con que te inventé fue la mejor de las creaciones a las que probablemente jamás daré vida. No sé dar vida , puedes notar. Yo construí, en algún tiempo hice lo que nadie jamás, al menos en mi cabeza y , francamente, eso es lo importante.

¿Quién es y por qué decidió habitar en mi memoria inconsciente? Me provoca paz el pensamiento de su existencia lejana. Su imagen me repugna, como tantas otras; es decir, la repugnancia común. Pero en el sueño es un alma que me asesina para entonces darme vida nuevamente.

Muero y revivo, a cada instante pierde más sentido. Más, más, más cada vez. No pasa nada. Y, efectivamente, nada pasa.