Iba a ser, pero se quedó.

por Elsa Padrón Serrano

—Extrañaba horas como ésta en que habito ahora mismo; horas que no existen porque el tiempo en la red, el tiempo en la red… es eterno. Pasé demasiado tiempo en la realidad de los mortales, yo no necesito de eso.

—¿Por qué pasaste tanto tiempo en su mundo, con ellos?¿Te dieron más de lo que yo puedo darte?

—No, no sé.

—¿Por qué tardaste tanto en volver a mí?

—Conocí a alguien.

—¿Alguien mejor que yo? yo, que te alejo de cualquier sentimiento ‘bueno’ o ‘malo’…

—Alguien  que me presentó una nueva realidad, independiente a ésta y a la de los otros. Fue…diferente.

—¿Y no te lastimó?

—Sí, por eso es que  he vuelto a ti. A no pensar, a no sentir. Estar contigo es como no estar en ningún lugar, ser infinito. No le pertezco a alguien y todos pueden pertenecerme.

—¿Qué harás ahora? ¿Volverás a dejarme por tanto tiempo?

—No, no creo. No lo deseo. Sentir, qué terrible existencia; aunque…

—¿Aunque?

—Alguien. Esa existencia no fue tan terrible.

—¿Puedes compararla conmigo? Estoy furiosa.

—No puedo compararla contigo porque, bueno…tú no vives.

—¿Y tú sí?

—¿Yo? Yo vivo.