Porque sonrío…

por Elsa Padrón Serrano

Puedes escribir una historia que no es historia sobre el aire que no es aire; sólo algo que no es nada, que no importa, que es y ya. Comprendes lo que no comprendes al  transformar lo que no transformas porque le das vida en tu vida.

 

Estás buscando y buscas para llegar allá aunque comprendes que no se llega, aunque comprendes que es tan sólo otra visión; una ventana nueva que has decidido abrir de un momento a otro; echarás un vistazo, sólo un momento, después cerrarás de nuevo la cortina y dejaras al aire filtrarse solamente sin motivo aceptarás la brisa tan suave casi imperceptible.

 

Y sales y ves la luz. Tu periferia ocular, el globo vuela lejos mira lejos. A tu globo lo protege la cueva, cavidad orbitaria, no se cae no se raya; lo atas al músculo, no lo dejas ir no los dejas vagar no dejas que nadie robe tu mirada, tu primer sentido.

 

Y a tu globo le sirve de almohadilla aquél líquido, grasa orbitaria; pero no lo toca, existe la cápsula, la delgada vaina. Transformas la energía en un impulso nervioso y es así como existes.

Es somatoestesia, sensibilidad interior y exterior; de tacto de movimiento de tus órganos de tu piel, sientes el mundo con tu cuerpo, conoces el mundo por tu cuerpo comprendes el mundo.

Pequeñas estructuras microscópicas repartidas infinidad de veces por tu propia estructura, todo tú. Eres un mundo en ti mismo, y todo se une y todo funciona y reacciona. Si fallas algo fallas todo.