Lo de siempre, pues.

por Elsa Padrón Serrano

No fluye, estoy fingiendo. Me pregunto por ti sentada sobre el mullido lecho en que disponía a mi alma y cuerpo a ser llevados a aquel mundo en el que también eres lo único que habita; poco faltaba para llegar a ese punto en que el pensamiento último forma una propia realidad intangible, inmaterial, a nada estaba de dejarme llevar cuando como cada noche…

Pensé en ti más intensamente esta noche, con especial melancolía reparé en tu soledad; esta noche de agitación y temblores, un temblor individual en cada gente, ¿y tú? ¿cómo estás tú? Desearía saber si alguien te piensa y acto seguido llama por tu voz afirmando bienestar, de la manera en que me es imposible.

Nuevamente uno de esos eventos que tienen algún efecto en todo el mundo, nuevamente lo veo todo desde el mismo lugar, con la misma compañía: mi soledad.
Nadie pregunta, nadie recuerda que aquí en medio de la oscuridad existe mi alma y llora con profunda amargura pues se olvida de si misma en ocasiones. 

Así ahora. ¿Quién pregunta? Existe ella a quien no nombro aunque sé, existe ella que a distancia me admira, existe ella que sin saberlo forma parte de mi ser.

Tantas palabras que intentan comunicarse con alguien desconocido, pensamientos enviados a la nada en la búsqueda de un lector invisible. Pero eso no es para mí, tal es mi soledad…