La duda.

por Elsa Padrón Serrano

Tengo miedo a ese mundo de mascaras tan hermosas en que todo se confunde entre sonrisas y sin pensares.

El aroma a putrefacción hizo que abriera los ojos. No sabía cuánto tiempo llevaba tendido en el ese lugar. No sabía en qué lugar se encontraba. Se levanto tambaleándose. Sus ojos no veían claramente. Había una especie de niebla roja que le impedía hacer un rápido reconocimiento del lugar.

¿Qué provocaba ese hedor? Jamás había olido nada similar. Era asqueroso. Quiso vomitar, pero aguanto; sería peor su náusea de haberlo hecho.

Caminó un par de pasos. Escuchó un gemido. Se detuvo. No sabía si ir en busca de lo que profería tan lastimero sonido o huir, correr tanto y tan rápido como pudiera. No podía engañarse. Tenía pavor. Quería llorar. Quería gritar. No se movió. Algo tocó su hombro…

—¿En dónde estuviste todo este tiempo? estuve buscándote, temí que hubieras entrado—.

Era un sucio muchacho, casi un niño. Facciones muy finas…¡una mujer! Él, aturdido, quiso recordar. Nada.

—¿Por qué no hablas? ¡Di algo! ¡Discúlpate!—.

Silencio. Caminaron juntos un tramo no muy largo a través de la neblina hasta atravesar el puente que cruzaba un lago desconocido.

Estaba llegando. Era él. Corrió. No sabía cuál era el punto de acercarse. Una cachetada. Un abrazo. Tenía dos días sin dormir, preocupada por el paradero de…él.  Todos decían que había entrado. Todos decía que lo olvidara, que dos días eran demasiado. Era todo, se había acabado.

—¿Por qué?—.

Silencio nuevamente.

—Lo encontré cerca de la entrada. Está bien, sólo no habla—.

Quería llorar. No lo hizo. Era importante mostrarse fuerte ahí fuera. La gente observaba. Ellos podrían estar observando a la distancia.

—Pronto, vamos a casa. Quiero alejarme los más que se pueda de ellos—.

Tomó a ambos del brazo y camino apresuradamente.

Se miró en el espejo. Estaba sucio, más sucio que la niña que lo encontró. ¿Quién era él? ¿Qué había estado haciendo en ese sitio que a todos angustiaba? ¿Qué era ese lugar tan asqueroso? ¿Quiénes eran ellos (quienes lo ayudaron, y a quienes debía temer)? ¿Por qué? Dolor de cabeza.

La chica de cabello castaño que lo había estado esperando al otro lado del puente lo llevó afuera.

La ciudad estaba extremadamente limpia. Pensó en como desentonaría si siguiera sucio. Era poca la gente que caminaba por la calle, gente de apariencia también muy pulcra. Edificios muy altos, bonitos. Cielo despejado. De pronto cruza mirada con un anciano. Gran sonrisa. Ojos vacíos. ¿Ojos vacíos?  Mal. Un hombre de esa edad que todo lo ha vivido y su mirada no dice nada. Un lugar tan aberrante. Perfecto. No.

Mira a la chica del cabello castaño. Ella susurra —Silencio. Camina—…