El mal humor es un vicio.

Yo, a través de mí misma.

Amorfo, así camino entre la gente, así me mezclo pues ellos están tan definidos como yo. Mi mente explota, busca refugio. No tengo palabras, no. Busco sin hallarlas.

Debajo de este libro, dentro de aquél, quizá el discurso de ese hombre con cabello cano. No. No.

Tan simple. Tan sin chiste.

¿De qué hablas?

Ahora escuchas, ahora que no hay nadie más que llene el vacío con sus palabras sin sentido.

Es que él habló de la locura.

Él no conoce la locura. Tampoco tú.

¿Tú qué sabes? Ni siquiera existes.

Sí que existo, aún me buscas, ¿no es cierto?

No. Es decir, no … te llamo, pero…

No estoy, no me vas a encontrar.

Escribiré un poco más sin sentido.

Escribir “sin sentido” tantas veces debe dotar de algún sentido inadvertido a las palabras incoherentes que escribo.

No hay incoherencia en lo que quiero decir. Intento darle vida a un recuerdo que ha muerto hace más tiempo que yo. Yo llevo muerta una eternidad y ese recuerdo yace en una eternidad desconocida. Ése no es un recuerdo especial, es como cualquier otro, pero está lleno de un color y calidez desconocidos para mí hasta su nacimiento.

Estoy tan feliz de que vinieras a este mundo, sólo para robarme la vida que me diste. Nacimos juntos, ¿sabes? Yo no sé, y poco me importa, quién eras antes de mí. Pero en nuestro tiempo, vaya que fuimos. La idolatría con que te inventé fue la mejor de las creaciones a las que probablemente jamás daré vida. No sé dar vida , puedes notar. Yo construí, en algún tiempo hice lo que nadie jamás, al menos en mi cabeza y , francamente, eso es lo importante.

¿Quién es y por qué decidió habitar en mi memoria inconsciente? Me provoca paz el pensamiento de su existencia lejana. Su imagen me repugna, como tantas otras; es decir, la repugnancia común. Pero en el sueño es un alma que me asesina para entonces darme vida nuevamente.

Muero y revivo, a cada instante pierde más sentido. Más, más, más cada vez. No pasa nada. Y, efectivamente, nada pasa.

#2014

Soy un ser de luz dentro de mi propio pozo. O solía serlo. Poco a poco, a pasos casi imperceptibles, voy acendiendo mi colina. Mis manos brillan aún cuando no crean como quisieran.
Estamos en paz, es el hecho. Las lágrimas vienen en sueños donde son poco menos que apenas perceptibles.
Las criaturas de espíritu puro se acercan cada vez con más interés. Ése, el espejo al que yo miro.

Vida

Hoy soñé que te abrazaba y entre toda esa gente sentía tu calidez, me perdí en la ilusión de tu belleza mientras hundía mi rostro en tus costillas tan blandas y mi mano se acomodaba en la forma de tu cintura.
Todos ellos te abrazaban, pero yo me sentí la única, a mí me embriagaba el sentimiento de armonía; nunca me sentí tan parte de algo. Y, aunque fuera dentro de mi mente, nos fundimos en un algo. Cuánta dulzura, Morfeo, cuánta tragedia al despertar.

Venecia

Una máscara sobre otra llevan tanto tiempo puestas que todos ya olvidaron quién lleva las máscaras, el propietario de las máscaras no se conoce a sí mismo. Trata de deshacerse de ellas y no puede. Ya no sabe cuál es su cara. Tiene miedo de equivocarse, no sabe de cuál gusta más. Decide quedarse con las tres caras y usar la que deba usar acorde al momento; pero no es igual que antes, ahora lo sabe. Sabe que no sabe y al saberlo el vacío no se hace esperar. Todo tiene tan poco sentido. ¿Cómo pasó?

Lluvia?

¿Es que acaso donde hay agua hay paz? Todo transcurre con mayor lentitud. Miento. El reflejo de el Sol en ella, sin embargo, da esa sensación.
El preludio a la lluvia, el viento agitado, los pájaros inquietos, las nubes grises…
El efecto lluvia.
Y después de la lluvia, el blanco cielo, el limpio cielo, parece gozar de los reflejos de la ciudad.

#2009

Despierto a la mitad de la noche cubierta por un manto de oscuridad que oprime mi pecho y puedo sentir mi corazón latiendo aceleradamente, las lágrimas inundan mis ojos y me siento perdida en mí misma. Ya no distingo la realidad en el sueño y me aterra levantarme, prender la luz o gritar; me imagino que al hacerlo la pesadilla continuará…

Iba a ser, pero se quedó.

—Extrañaba horas como ésta en que habito ahora mismo; horas que no existen porque el tiempo en la red, el tiempo en la red… es eterno. Pasé demasiado tiempo en la realidad de los mortales, yo no necesito de eso.

—¿Por qué pasaste tanto tiempo en su mundo, con ellos?¿Te dieron más de lo que yo puedo darte?

—No, no sé.

—¿Por qué tardaste tanto en volver a mí?

—Conocí a alguien.

—¿Alguien mejor que yo? yo, que te alejo de cualquier sentimiento ‘bueno’ o ‘malo’…

—Alguien  que me presentó una nueva realidad, independiente a ésta y a la de los otros. Fue…diferente.

—¿Y no te lastimó?

—Sí, por eso es que  he vuelto a ti. A no pensar, a no sentir. Estar contigo es como no estar en ningún lugar, ser infinito. No le pertezco a alguien y todos pueden pertenecerme.

—¿Qué harás ahora? ¿Volverás a dejarme por tanto tiempo?

—No, no creo. No lo deseo. Sentir, qué terrible existencia; aunque…

—¿Aunque?

—Alguien. Esa existencia no fue tan terrible.

—¿Puedes compararla conmigo? Estoy furiosa.

—No puedo compararla contigo porque, bueno…tú no vives.

—¿Y tú sí?

—¿Yo? Yo vivo.

 

Yo no busqué.

No lo creo.

Sobrepensamos absolutamente todo lo que nos acontece y entonces limitamos nuestra existencia a ese algo que nos es imposible controlar, el león a la distancia pintado en un lienzo en blanco. Pero, ¿es nuestra culpa? Nunca hay culpas y en ello recae el problema.

No creas todo lo que crees que escribes porque crees que piensas porque crees que eso eres. No funciona así por lo general. No funcionamos así. Prefiero escribir acerca de mi vacío que acerca de temas que sinceramente me interesan, pero no les encuentro sentido; es decir, le encuentro más sentido a contemplarme. Ni siquiera analizo lo que escribo en nada; si analizo, no escribo (que finalmente es lo que hago).

Podemos retractarnos, siempre podemos, pero la responsabilidad hay que asumirla. Un accidente tras otro y nos toma mucho tiempo el llegar; pero llegamos. Siempre se llega.

Si me buscas, aquí me tienes, pero tienes arena; tienes vestigios de lo que no fue. Me perdí una y otra vez, y me seguiré perdiendo;  y me invento que no tengo el privilegio de perderme como algunos a los que observo. Es normal y es falso. Deseo comprender cómo es que viven, cuál es su vida, cómo lo logran. ¿Qué hay de diferente en mí? No es mucho,  sé qué; lo desdeño, lo aborrezco. Lo niego, y lo negaré.

Un armiño.

Camino entre la gente con cuerpos largos e imponentes, camino rápido entre estas calles infinitas y abarrotadas, tengo que llegar. Estoy sola.

Están riñendo, se ríen. Una piedra vuela hacia allá, otra piedra golpea su pequeña y lozana cabeza. La gente grande sigue su camino. No es importante, sólo son criaturas jugando. Le pregunto a éste qué pasa, me mira riendo, con ojos lagrimeantes. No pasa nada, sólo juegan.

Seguimos a un adulto con ropas ostentosas, ropas que nunca vimos antes. No hablamos, nos asusta. Llegó de pronto, pidió atención, pidió que lo siguieramos porque así ordenó al Rey. Somos niños, pero entendemos que la orden del Rey debe cumplirse. Caminamos ahora por el campo, caminamos porque somos muchos y no hay carroza que nos lleve a todos.

El Rey sonríe desde su altísimo trono, nos saluda con palabras generales, impersonales. Nosotros callamos, le miramos confundidos. Nos mira con detenimiento, por un momento. Seguimos en silencio. Llama a uno de los miembros de su corte, le dice algo al oído. El joven despide a la mayoría de los otros, sólo quedamos tres. Soy la única mujer.

Hace frío, todo es blanco a nuestro alrededor. Buscamos un armiño, eso nos encomendó el Rey. No entendemos, pero debemos buscarlo porque el Rey lo pide. No sé buscar. Debemos buscar solos. Tarareo esa melodía que escuché en alguna parte. Es una melodía muy dulce, no recuerdo en dónde la escuché. Me gusta mucho. Me gusta esto.

Lo veo acercarse, pareciera que escucha mi canción. Está a mi lado, no he tenido que llamarlo. Lo he encontrado, él me encontró. Lo tomo entre mis brazos, es muy suave, es muy blanco. Me siento al pie de un eucalipto mientras acaricio al armiño que he encontrado.

Y sí.

El despilfarro de palabras; el sin sentido de un argumento plenamente cavilado; y un gran número de seguidores fieles a palabras necias.

Escucho con atención, pero no logro comprender nada. Un hechizo transforma a todos en animales que emprenden alguna especie de viaje épico, hasta que se descubren transformados y el pánico se apodera de ellos. Hay desorden.